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"La fábula es patrimonio del arte, una fuente inagotable de ideas ingeniosas, imágenes alegres, temas interesantes, alegorías y símbolos(....) en el mito todo está vivo, todo respira con el aliento de un mundo encantado, un mundo en el que los símbolos adoptan forma humana, donde la materia cobra vida"

Chevalier de Jaucourt, Encyclopédie, 1751-1765.

La primavera, es una de las primeras obras, desde la antiguedad que retrata a deidades clásicas a gran escala, podría haberse inspirado en el calendario poético de Ovidio y describre los ciclos del año. El conctacto con Céfiro, el viento del oeste, hace que la ninfa Cloris se transforme en Flora, sínbolo de la primavera, representada por Botticelli como una mujer adornada con guirnaldas. Venus y Cupido en el centro, junto con las Tres Gracias y Mercurio a la izquierda, están representados como en los textos clásicos. Sandro Boticelli, La primavera,1481.

Galatea, una ninfa del mar, cabalga en su concha entre una serie de figuras mitológicas. Incluso los delfines enjaezados, entre centauros y tritones, parecen míticos. Este fresco proporcionaba un fondo a las fiestas que se celebraban en la villa de Agostino Chigi, un rico banquero romano. Una comparación con el Nacimiento de Venus de Botticelli, ligeramente anterior, es una muestra de cómo el delicado y "dulce" estilo de pintura del Renacimiento temprano fue sustituido por una mayor contundencia y exuberancia. Rafael, Galatea, 1506.

Representación del movimiento. Atalanta, una hermosa y atlética virgen, era reacia a casarse y exigió que sus pretendientes participasen con ella en una carrera cuyo castigo, si perdían, era la muerte. Hipómenes, animado por su belleza, decidió competir. Imploró la ayuda de Venus, que le dio tres manzanas de oro para que las lanzase al suelo durante la carrera a fin de distraer a Atalanta y así poder ganar. Aquí el pintor italiano Reni, describe los movimientos de los dos competidores de forma casi coreográfica. Guido Reni, Atalanta e Hipómenes, 1612.

Fantasía rococó. El artista francés Boucher pintó esta obra erótica como un divertimento. Venus se reclina sobre su carro de media concha, dominando sobre el resto de las figuras, cuyos cabellos decorados con perlas y algas, hacen referencia al mar del que proviene la diosa. Un tritón levanta a una ninfa marina, que regala a Venus un collar de perlas sobre una concha. Los juegos se prolongan en el cielo, donde unos cupidos revolotean y una tela sedosa vuela por la brisa marina. Francois Boucher. El triunfo de Venus. 1740.

Un guerrero legendario. Procedente de una fusión entre el mito celta y la literatura medieval, la misteriosa isla de Avalón es el lugar donde terminó sus días el rey Arturo. Según la leyenda, su espada se quedó en Avalón y el rey fue trasladado allí después de su última batalla para que unas hechiceras le curasen sus heridas. El pintor británico Burne-Jones evoca la Edad Media como una edad de oro perdida en esta imagen onírica de Arturo rodeado de mujeres que le cuidan bajo un dosel ricamente decorado con las hazañas del rey y sus valientes caballeros de la mesa redonda. Edward Burne-Jones, El Rey Arturo en Avalón, 1881-1898.

Un rapto mítico. Europa, hermana de Cadmo, llamó la atención de Júpiter, que se transformó en un toro blanco y la raptó. este acto conllevó el nacimiento de tres hijos. Muchos pintores retrataron el rapto, por lo general haciendo de la fuerza bruta del toro una metáfora de la violación. En esta obra deliberadamente "primitivista" del ruso Serov observamos a Europa a lomos del animal. Se trata de una interpretación que se centra menos en el aspecto brutal del rapto y más en la naturaleza exótica y mágica del mito. Valentín Alexandrovich Serov, el rap´to de Europa, 1910.